Al alba de un nuevo pontificado

PapaFrancesco

Estamos ya en Tiempo Pascual después de una Cuaresma intensa y llena de emociones para los cristianos del mundo entero.

Desde hace poco tenemos a un nuevo Sumo Pontífice, el Papa Francisco, ya amado por todo el mundo, católicos o no.

En este momento queremos precisamente con ustedes enfatizar cuáles son las exhortaciones del nuevo Papa a nosotros los fieles.

Recordamos, ante todo, su saludo desde la logia de las bendiciones el día de su elección al trono pontificio, en el cual el Papa Francisco ha pedido a todos los fieles rezar por él, por esta nueva misión que el Señor ha confiado. Es él mismo quien se ha puesto bajo las plegarias de sus hijos esparcidos por todo el mundo y que, desde todo el mundo, ya parecen manifestar su amor por él.

Al día siguiente de su elección el Papa Francisco subraya inmediatamente tres aspectos fundamentales de nuestra vida de fe: Caminar, Edificar, Confesar.

Esto recuerda las grandes exhortaciones de los santos que incitan a las almas a caminar fervorosamente hacia la meta que es Cristo, porque en la vida espiritual no hay la posibilidad de detenerse: si se detiene, se retrocede.

Y es precisamente en este camino que la Palabra de Dios y la oración nos acompañan y nos guían constantemente ayudándonos a edificar nuestra vida sobre la roca que es Cristo mismo. Sólo así seremos verdaderos cristianos que sin pena o incoherencia podrán confesar a Cristo como fuente de cada bien y señalarlo a aquellos que todavía no lo conocen como aquel que es la “Vida, la Verdad y la Vida” (Jn 14, 1-6). De hecho, como dijo san Gregorio Magno: “si la boca no proclama aquello que el corazón cree, aún su grito será sofocado”.

También la Cruz del naciente ministerio petrino del Papa Francisco ha tenido su papel.

Ya desde la primera homilía el Santo Padre habla de la cruz como sello indefectible de cada cristiano. Sin ella, podemos involucrarnos en las búsquedas más diversas, pero ciertamente no en aquella de los discípulos del Señor. Y desde la cruz en que el Señor reina, es la cruz en la que el Señor ha experimentado sobre sí el dolor humano y es en su Cruz que todos nosotros, almas inmerecedoras del amor, somos redimidos por el Hijo de Dios. ¡He aquí nuestra esperanza, nuestra alegría! Cada hombre es llamado a subir en su Cruz, pero la sorpresa es que allí arriba, donde pensaba estar solo, abandonado e incomprendido encuentra a Jesús, que con él sufre y combate. No olvidemos nunca que a la Resurrección se llega sólo a través de la Cruz. “Ave Crux Spes unica”, ¡aquí está nuestra esperanza! Y por favor, ¡no se dejen robar la esperanza!

Los despedimos con esta exhortación: “Recemos junto a la Virgen María, para que nos ayude, Obispo y Pueblo, a caminar en la fe y en la caridad, confiados siempre en la misericordia del Señor, que Él siempre nos espera, nos ama, nos ha perdonado con su sangre y nos perdona cada vez que vamos con Él a pedir el perdón. Tengamos confianza en su infinita misericordia”.

Dios nos bendiga

y la Virgen nos proteja.