Comentario sobre el Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI sobre Cuaresma

In this picture made available by the Vatican newspaper Osservatore Romano, Pope Benedict XVI is anointed with ashes during a the traditional Ash Wednesday mass in the St. Sabina church in Rome Wednesday, March 9, 2011. (AP Photo/Osservatore Romano)

También este año tenemos la alegría de meditar con ustedes el mensaje del Santo Padre Benedicto XVI para la Cuaresma.

Otra vez el Papa nos refiere, como ya ha hecho al inicio de su pontificado con la Encíclica Deus Caritas est, a la esencia de nuestra fe. “Al inicio del ser cristiano no hay una decisión ética o una gran idea, simplemente el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da a la vida un nuevo horizonte y con ello la dirección decisiva”. ¡Con estas palabras el Santo Padre dice claramente qué cosa no es el cristianismo! No es de hecho una ideología y no es ni siquiera una moral. Es otra cosa. Nuestro credo viene de un hecho histórico, de un acontecimiento; la persona de

Jesús nació en Belén, creció en Nazareth, murió y resucitó en Jerusalén. Es importante la historicidad de nuestro credo, motivo muy querido para el Papa, tanto así que dedica sus tres últimos libros los cuales ha recientemente publicado (“Jesús de Nazareth” y “La infancia de Jesús”).

Vemos pues cómo el papa continúa afirmando que el encuentro con este acontecimiento, esta Persona, nos cambia la vida. Es precisamente el mensaje de Cristo que acogido libremente da a nuestra existencia un nuevo significado (un nuevo horizonte) y un objetivo nuevo (la dirección decisiva).

Es necesario todavía, que la fe se convierta operante en el amor y que el cristiano, habiendo conocido el modo extraordinario en que Dios lo ama, revierta sobre su prójimo tal amor.

Es errado, nos amonesta el Santo Padre, no equilibrar las dos grandes virtudes de la fe y de la caridad: “es limitante sostener una exagerada supremacía de la caridad y de su operabilidad pensando que las obras sustituyen la fe. Para una sana vida espiritual es necesario escapar sea del fideísmo que del activismo moralista”.

Es importante, de hecho, recordar cómo nuestra relación íntima con Dios debe ser alimentada cotidianamente porque es de esto que puede generar una sincera y operante caridad hacia el prójimo que se manifiesta primeramente con la evangelización. “Es la verdad originaria del amor de Dios por nosotros, vivida y anunciada, que abre nuestra existencia a acoger este amor y hace posible el desarrollo integral de la humanidad y de cada hombre (cfr. Enc. Caritas in veritate, 8)”.

Es este binomio entre fe y amor que se encuentra en la base de nuestra fe. Es de hecho por Amor que Jesús se ha encarnado y ha muerto por nosotros y es todavía por amor que obra hacia nosotros con infinita misericordia. Hagamos entonces nuestro, en este tiempo de meditación profunda y de oración, las palabras del Papa que nos confirma que “es precisamente este Amor la única realidad victoriosa sobre el mal y sobre la muerte”.