Jueves Santo: el día de la Santísima Eucaristía y del Sacerdocio

Padres y pastores irreemplazables: los necesitamos.

Hoy, en un Jueves Santo que la historia recordará particularmente, el Señor establece la Santísima Eucaristía; será un Jueves Santo en el que las iglesias estarán vacías, los monumentos eucarísticos suspendidos y la solemne entrada en el Triduo Pascual será triste y piadosa. Sí, entrar de esta forma en el momento más solemne del año litúrgico nos hace pensar en esas puertas antiguas: bajas y estrechas, hechas así para hacer que los que entran, en un gesto de humildad, inclinen la cabeza. En nuestras iglesias, sin embargo, las lámparas permanecerán encendidas, se proclamará la Palabra y se consagrará la Eucaristía.

Los sacerdotes se encontrarán en una celebración tal vez surrealista e inesperada, pero sin embargo, cargada de un profundo significado. Nadie más que ellos, los sacerdotes, los íntimos de Jesús, estarán reunidos alrededor de la mesa eucarística del Maestro. Nuestros pastores celebrarán la Santa Misa en esa intimidad que hizo que Juan apoyara su cabeza en el corazón de Jesús, en el corazón de nuestro Señor. En este día, que debería ser uno de profunda meditación sobre su ministerio, quizás los habremos distraído demasiadas veces con las miles y variadas cosas que hay que organizar para el Triduo. En cambio este año, queridos pastores, amados hijos de María Santísima, esta circunstancia les ha devuelto el tiempo para saborear, meditar y captar profundamente su ministerio como alter Christus, en un silencio atípico para tal día. Por eso les imploramos, desde nuestras casas, desde nuestros conventos, desde nuestras camas de hospital, que vuelvan a llevarnos dentro del Misterio Eucarístico, que ofrezcan nuestro sacrificio unido al de Cristo, que osen con la oración y la meditación. Tenemos necesidad de ustedes: lo pedimos como hijos a sus padres. Nada podemos sin ustedes, nada podemos sin Jesús que les ha elegido, amado y que, a través de ustedes, se hace presente en todos los sacramentos que celebran, especialmente el Eucarístico.

Con profunda e inmensa gratitud por el sí que han donado, por sus ministerios y dedicación, les aseguramos nuestra intercesión para que la presencia de Cristo y su Gracia salvadora esté siempre en el mundo a través de ustedes.

En nuestras oraciones, en este día tan especial, los sacerdotes de ayer, hoy y mañana.

Dios nos Bendiga
Y la Virgen nos Proteja