Las Misioneras de la Divina Revelación están dedicadas a la vida apostólica para la nueva evangelización y fundan su ardor en el contemplata aliis tradere, transmitir a los demás lo que se contempla en una vida de oración y de misión.
Respondemos con espíritu misionero a la invitación que la Virgen de la Revelación dirigió en las Tre Fontane, «Sed Misioneros de la Palabra de Verdad», para que el tesoro de la Revelación confiado a la Iglesia llene cada vez más el corazón de los hombres (Dei Verbum, 26).
Deseamos ser misioneras del misterio de la Iglesia, amando y haciendo amar la Eucaristía, a María Inmaculada y a la Iglesia Católica. Es un compromiso animado por la voluntad de leer los signos de los tiempos a la luz de la Palabra de Dios y de la gracia del Espíritu Santo. A través de la Liturgia, lugar privilegiado del encuentro con Dios, deseamos hacer gustar al pueblo de Dios la grandeza y la belleza de las realidades celestiales.
Nuestro apostolado está orientado a formar al pueblo de Dios en la vida cristiana y en el conocimiento de la historia y de la vida de la Iglesia, difundiendo el amor por el Evangelio y las verdades de fe con el ejemplo, la palabra y las obras. Nos ponemos al servicio de muchas maneras: las misiones de evangelización en Italia y en el extranjero, la catequesis en las parroquias para niños, jóvenes y adultos, la formación de los catequistas y los grupos de oración dedicados a la Virgen de la Revelación. Proponemos encuentros para las familias, encuentros de oración y formación cristiana sobre los «Tres Blancos Amores» y cursos sobre la feminidad, y evangelizamos también a través de la web. Un lugar especial ocupa la Catequesis con Arte, corazón de nuestro carisma: itinerarios de Arte y Fe y peregrinaciones para redescubrir la belleza de la fe a través de la Roma cristiana. Llevamos, por último, una presencia de fe allí donde más se necesita, hasta las cárceles.
momentos importantes
Cada jornada sigue un ritmo que une oración y misión, custodiando en el corazón la Palabra de Verdad que nos confió la Virgen de la Revelación. Del silencio de la oración a las actividades apostólicas, de la catequesis con el arte a los encuentros con las personas, vivimos cada momento como una ocasión para compartir lo que hemos recibido.