Grandes cosas ha hecho en mí el Todopoderoso, y Santo es su nombre.
(Lc 1, 49)
TERCER DÍA
La Sede Apostólica, heredera del oficio confiado al Príncipe de los Apóstoles de confirmar en la fe a los hermanos (cfr. Lc 22, 32), con su autoridad hizo cada vez más solemne esta fiesta. En efecto, la fiesta de la Asunción, del puesto honroso que tuvo desde el comienzo entre las demás celebraciones marianas, fue elevada luego entre las más solemnes de todo el ciclo litúrgico. El papa San Sergio I, al prescribir la letanía o procesión estacional para las cuatro fiestas marianas, enumera juntas la Natividad, la Anunciación, la Purificación y la Dormición de María.
(cfr. Papa Pío XII, Const. apost. Munificentissimus Deus, 1 de noviembre de 1950).
Virgen Inmaculada, por aquella fuerza del amor divino que desató de todo vínculo tu purísimo espíritu, alcánzanos también a nosotros cerrar nuestra vida con un acto de verdadero amor a Dios, que nos una para siempre al Sumo Bien.
Ave María.
Oremos
Oh Dios, que te dignaste elegir como morada el seno virginal de María Santísima, concédenos, te suplicamos, que, sostenidos por su ayuda, podamos participar de su misma herencia.
Tú que vives y reinas con Dios Padre, en la unidad del Espíritu Santo, por todos los siglos de los siglos.
Amén.